No importa lo que esté haciendo, siempre intento hacerlo lo mejor posible – este parece ser el credo en la vida de la Sra. Berger. El significado y sentido específicos se pueden observar en la manera de trabajar de la joven artista. El fruto de este trabajo no consiste en producir superficies pintadas una tras otra, separadas entre sí, pues así serían solamente objetos que surgen de un fugaz y pasajero capricho decorativo. De su trabajo nacen cuadros que son como materializaciones dramáticas de sus reflexiones sobre su extremadamente personal postura ante el mundo, el cual observa y vive intensamente. Los cuadros son como notas de un proceso de conocimiento complejo y lleno de dudas que muestran la propia voluntad de conocer hasta casi alcanzar las reglas básicas que rigen la naturaleza. En este intento, sus cuadros aspiran a formular medios propios de articulación pictórica. Por esto su trabajo es un proceso difícil, sin posibilidades de llegar a término, una sucesión de constantes repintadas que se apilan en la obsesiva persecución de la verdad y de la armonía en la naturaleza.

Marek Szymański

Para Dominika Berger lo llamativamente importante es el mismo proceso pictórico. La movilidad de la materia, los cambios a los que se somete la pintura, el gesto de la mano o la huella de la herramienta, la vehemencia o la delicadeza en aplicar la pintura, todo ello acentúa el dinámico proceso del cuadro en su lucha para “llegar a ser”. La vehemencia de la pintura misma aparece en estos cuadros como un elemento a la vez impetuoso y estático, la voluntad del pintor, ya que sus cuadros poseen siempre un peculiar ambiente de sobriedad y continencia, un cierto grado de moderación contemplativa y de austeridad. Lo que construye el carácter de las pinturas de Dominika Berger es en mi opinión la naturalidad con la que expresa el encuentro de la esfera de la contemplación con la esfera de la determinación, tendiendo a que ambas conserven simultáneamente sus partes extremas y sus caras contrapuestas.

Mirosław Sikorski