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Sobre la pintura de Dominika Berger el conocido periodista y escritor Sergi Doria ha escrito que: Si la figuración fuera equivalente a una mirada clara y la abstracción a unos ojos cerrados, la obra de esta artista constituiría la más depurada fusión de ambas opciones.

Los rostros que protagonizan su pintura, trasuntos icónicos de la autora, aparecen a veces fragmentados y otras con los ojos cerrados y se reconvierten en una topografía que, al igual que en “El Hacedor” de Borges acaba por componer un laberinto de líneas.

Identidades I, mixed technique on canvas, 97 x 150 cm, 2013

Cada lienzo de Berger constituye un reto para la introspección. La faz – más dibujada que pintada – desprende un aura de plenitud espiritual: pocas veces la existencia se ha representado tan explícitamente a través de la fragmentación del rostro humano.

El otro mérito de Dominika Berger es haber superado el maniqueísmo entre figuración y abstracción convirtiendo ambas disciplinas pictóricas en vasos comunicantes. Del detallismo de los rasgos faciales, de la minuciosidad del pliegue cutáneo -cual placa tectónica de etapas vitales-, pasamos a la superposición de los planos y al apogeo retador de la línea y las geometrías abstractas. En un eterno retorno, la artista se vuelve a preguntar quién es y por qué es quién es.

El proyecto que presentamos para el Barcelona Gallery Weekend es una expresión muy depurada del trabajo de Dominika Berger durante los últimos quince años: la identidad personal como mitología para explicarse en el mundo. Como en el poema de Adam Zagajewski, “sólo las caras se iluminan como lámparas, / igual que los sopletes de los soldadores que por la noche / reparan el hierro entre nubes de chispas”. Pocas veces un rostro compuso, de tal manera, el austero rictus de la sinceridad.

Cada instante, mixed technique on canvas, 97 x 97 cm, 2021

Respecto a su propia obra, la artista escribe:

Mis cuadros son como un obsesivo cuento de mi historia personal, repitiendo el tema del rostro humano en diferentes configuraciones.

Las caras aparecen en diferentes formatos, más dibujadas que pintadas; en este sentido se relacionan con la práctica tradicional del apunte pictórico.

El cuidado con el que realizo el dibujo facial me permite una lenta maduración de mi visión artística. Traduzco esmeradamente las formas de la cara humana, de sus fragmentos y de mi imaginación al lenguaje de las artes visuales. Un lenguaje con su propia gramática; donde la línea y la mancha se convierten en sujeto y predicado. Así creo mi lenguaje o grafía personal en la tela.

Renacida, 41 x 92 cm, mixed technique on canvas, 2021

El color en mis cuadros a lo largo de los años ha experimentado notorios cambios. Viniendo de obras monocromáticas con fuertes contrastes, se ha acabado convirtiendo en un cromatismo irreal, siguiendo siempre su papel independiente en la definición de las caras. El color siempre ha sido metafórico, independiente, vehículo de la emoción, y ha competido con el dibujo a la vez que ha realzado su tridimensionalidad. Por ello, difiere de la realidad, y nunca se ajusta al color natural de la cara.

Aire de tono dorado, mixed technique on canvas, 97 x 92 cm, 2021

Mi obra nace de una pausada y minuciosa contemplación del tema, de la que surge una clara determinación en la manera de ejecutarlo. Me interesa que dicha ejecución posea elementos de sobriedad y moderación; por ello tiendo a simplificar las formas para aportar más claridad al contenido pictórico.

Por encima de la evolución de mi pintura a lo largo de los años hay algo que ha permanecido intacto, inmutable: la meticulosidad y el esmero en un dibujo, sosegadamente trabajado, que permite que la idea primordial del cuadro salga bien definida.

Silencio, 195 x 195 cm, mixed technique on canvas, 2014